CIEN POR CIENTO CHILENO”
Rafael Ramos (La Habana, Cuba, 1949), economista, que en 1961 a la edad de doce años abandonó Cuba con el fin de evitar el servicio militar obligatorio, que todos los hombres de entre trece y veintisiete años debían realizar. Llegó sólo a Chile y vivió durante toda su estadía en la casa de un pariente. En Santiago, cursa su educación secundaría en el Liceo 11 de Las Condes y de 1968 hasta 1970 estudió Economía en la Universidad de Chile.
En 1970 abandonó sus estudios y se fue a España con su esposa, una chilena con la que se casó un día antes de partir. En ese país permaneció durante dos años en los que por ser ilegales estuvieron escondidos y además estudió en la Universidad Complutense de Madrid. En 1972 se marcha con su mujer a Estados Unido y por cerca de un año y medio permanece y trabaja en la clandestinidad por estar indocumentado. Dicho país le concede una visa de asilo político durante cinco años, luego la residencia por un periodo similar y finalmente la ciudadanía. En Norteamérica retomó sus estudios en las universidades de New Jersey City University (1973-1974) y New York University (1975-1976).
En el ámbito profesional (sin contar sus múltiples empleos para sobrevivir, que llegaron hacer hasta 3 a la semana de día y noche), comenzó en el departamento de contabilidad de la naviera Prudencial Lines ex Grace Lines (1974-1978), una de las más grandes del mundo y al cabo de cuatro años llegó a ser vicepresidente de finanzas de la compañía. También trabajó en un importante banco estadounidense llamado Irving Trust Co. (1978-1987) del que fue vicepresidente para América Latina, hasta que en 1987 (año en que obtuvo la nacionalidad), renunció y regresó a Chile. En la actualidad vive en Santiago, está divorciado de su esposa, no tiene familia alguna y se dedica a las inversiones.
Me encuentro en el Metro estación Baquedano y entre la multitud mi contacto me señala a Rafael. Jamás me lo hubiera imaginado tal y como es; ojos azules, tez blanca, cabello negro, bien arreglado y vestido de manera formal con un traje de color plomo. Más me evoca al típico oficinista chileno, que al prototipo de cubano que estoy acostumbrada a ver en los medios de comunicación. Es amable y caballeroso, me saluda, y hace algunas preguntas no tan sólo por cortesía, sino que demuestra un genuino interés.Frente a nosotros la vista es perfecta. A través de un ventanal se ve la imponente cordillera de Los Andes que tanto maravilla a Rafael y es parte de la geografía que lo hace amar Santiago: “me gusta que haya cordillera con nieve y el mar al otro lado, poder moverme entre temperaturas muy bajas y estar a la orilla del mar en una hora de diferencia”.
Se define como “sociable, inquieto, semiintrovertido, absolutamente trasnochador, trabajador y estudioso”, características a las que puedo agregar una seriedad y una franqueza inquebrantable al momento de referirse a ciertos temas. Al principio extraño en él un poco el sabor del Caribe. Pero a medida que avanza la entrevista sus respuestas y personalidad me hacen olvidar la esencia cubana que esperaba encontrar y me dejo llevar por este sobreviviente de las migraciones.
La Revolución Cubana fue el hecho que definió su vida. Por un lado, lo alejó de sus padres siendo todavía un niño y produjo en Rafael una negación absoluta por aquel país, al punto que afirma que ni siquiera lo considera un recuerdo y que “emocionalmente Cuba no existe” para él. Pero a la vez, le permitió descubrir una cultura de la que es un eterno enamorado y por la que fue capaz de dejar hasta a la mujer con cual había compartido su vida. Si bien el quería formar una familia, no concebía hacerlo en ningún otro lugar del mundo que no fuera Chile. Tampoco Estados Unidos logró conquistar a este hombre, aunque vivió y trabajó muchos años allí y en teoría es uno más de ellos -por su nacionalidad- la ve como una sociedad igual de violenta que la cubana.
Toda su vida ha sido un migrante y en este ir y venir por el mundo ha dejado por el camino muchas cosas y personas, por ejemplo, su familia. Esto es lo que me interesa conocer de él, como lo hizo para vivir de un lado para otro, que pasa con la identidad, como se enfrentan estas situaciones y que tiene de mágico Chile para él.
-¿Vio a sus papás luego de salir de Cuba?
-Mis padres salieron en el año 1964 y llegaron a Chile con mucha dificultad. Acá estuvieron hasta la misma fecha que yo en el año 70, de allí entraron a Estados Unidos y nos reunimos nuevamente en Nueva York en el 72. En 1979 fueron a Miami y nunca más volvimos a vivir juntos, ya fallecieron.
-¿Cree que si hubiera llegado a los 20 o 30 años a Chile se habría adaptado igual?
-No es lo mismo, porque a esa edad específica de los doce años tú estás en un cambio profundo en tu vida, de ser un niño a ser un adulto y por lo tanto probablemente me fue más fácil. Es más, cuando salí de Chile en el 70 nunca más me acostumbré en otra parte y he estado en todas partes del mundo y no me acostumbré para nada no me gustó a tal punto que volví.
-¿Qué sintió al llegar a Chile?
-Curiosamente yo llegué a Chile en el 61 a los doce y lo tomé muy bien. A pesar de mi edad, a mi no me gustó lo que estaba pasando en Cuba, a mí personalmente, no a mis padres. Al llegar a Chile me encontré con una cultura parecida y distinta a la vez y la verdad es que me agrada mucho hasta el día de hoy.
-¿Cómo se hace para sobrevivir en distintos lugares?
-Yo personalmente me he adaptado en todas partes, en todas partes viví y eventualmente me fue muy requete bien, quizás por una condición natural mía. Hay gente que yo he visto que se puede adaptar muy bien y otra que no es capaz. Eso si yo para adaptarme sacrifiqué toda en la vida, no tengo hijos, no tengo nada. Entonces la adaptación es un cúmulo de cosas en las que tú tienes que tomar decisiones drásticas constantemente todos los días. Y la verdad es que yo en toda mi vida pensé que no me podían derrotar, por lo tanto no me dejo derrotar y eso significa que luché constantemente para sobreponerme, busqué la forma de adaptarme a pesar de que las circunstancias eran contrarias a mí. No tuve nacionalidad hasta que cumplí casi 30 años.
-¿Sintió alguna vez la sensación de desarraigo?
-Siempre.
-¿Cómo se vive el no tener nacionalidad?
-Se vive ingeniándotelas, siendo más inteligente que los otros.
-¿Qué le parecieron las otras culturas que conoció?
-Las culturas bien, lo que yo veo es más una cosa de fondo, de piel, que a ti te atraen más una cosas que otras. Yo no sólo viví dos años en España y 15 en Nueva York, además he viajado el planeta completo muchas veces. Pero me gustaron una serie de cosas que tiene la cultura chilena, que acá no gustan, pero que a mí me encantan.
-¿Cómo definiría al chileno?
-El chileno es muy apocado, es muy gris. La cultura no es prepotente, a pesar de que aquí se piense lo contrario. Tiene ciertas costumbres o las tenía, porque te voy a decir que en 50 años Chile ha cambiado mucho, ya no es lo que era. Pero en aquel entonces, era muy tranquilo, a pesar de que se piense o contrario, aquí no pasaba nada, exceptuando el periodo de la UP y lo que vino luego de éste, Chile era como una taza de leche, a diferencia de hoy donde algo está empezando a pasar. Además a donde quiera que yo iba, ya sea en el país que nací y en los que estuve era todo lo contrario.
-¿A qué país cree pertenecer?
-A Chile absolutamente.
- Entonces, ¿para usted la patria no es el lugar en que nació, sin no en el que vive y le gusta vivir?
-Es que para nadie la patria debería ser el lugar donde nació, no tiene ningún sentido. Es como cuando a los presidentes les exigen haber nacido en un lugar para ser presidente. O puede ser que una persona pasaba por allí en una avión o barco y su hijo nació allí, pero no tiene nada que ver con su cultura. La patria debe de ser aquello que tú realmente sientes profundamente en tu alma.
-¿Qué es Cuba para usted?
-Nada
-¿Ni siquiera un recuerdo?
-Nada, desgraciadamente para mí emocionalmente Cuba no existe, porque a mí me produjo una persecución constante en mi vida hasta el día de hoy. Porque para mí que no hice nada Cuba es lo que me ha perseguido toda la vida. No sabría que rescatar de la isla, pero los cubanos como personas son muy perseverantes y luchan por superarse.
-¿Cómo habría sido su vida sin la Revolución Cubana?
-Habría estado todo el día en la playa, tal vez (ja, ja, ja).
-¿Qué significó Estados Unidos para usted?
-No mucho tampoco, no me gusta la cultura americana en general. Es muy parecida a la cubana, sumamente violenta, aunque la gente es violenta por naturaleza. En Estados Unidos Bush manda tropas al resto del mundo y Fidel Castro también lo ha hecho, son exactamente iguales, por lo tanto, ninguna de las dos me agrada.
-Lo que usted busca es estar alejado de la violencia.
-Siempre.
-¿No hubiera sido más interesante para un economista vivir en una potencia mundial, que un país subdesarrollado?
-No, para mí no, porque a mí no es la plata lo que me mueve, sino las ideas.
-Y en este ir y venir por distintos lugares, al hecho de formar una familia ¿que importancia le dio?
-No, muchísima.
-¿Pero hoy en día usted no tiene familia?
-No porque yo me casé con la niña que pololeaba de lolo. Estuvimos 14 años juntos, nos llevábamos sumamente bien, pero desgraciadamente yo la llevé Nueva York y allí ella encontró su cuento en el diseño y me pidió que no volviéramos a Chile por esa razón. Pero yo quería volver y como íbamos por caminos distintos me separé y nunca más logré rehacer mi vida, porque con esa niña que conocí cuando teníamos 14 años hice mi vida, o sea, éramos iguales, con ella pasé tantas cosas en la vida que me ha sido imposible formar una familia, que es lo que yo quería hacer en Chile y tampoco ha aparecido la persona que me vuelva a producir eso.
-¿Y el haber sido un migrante constante no contribuyó a ello?
-No, lo que yo pasé con mi esposa fueron vivencias demasiado fuertes, yo sacrifiqué todo para que los dos nos pudiéramos ir y tratáramos de desarrollarnos como personas y formar una familia en Chile y no en Nueva York.
- Después de todo lo que ha vivido ¿cómo definiría la identidad?
-La identidad uno la va desarrollando en el tiempo de acuerdo a lo que va sintiendo. Los seres humanos a veces encuentran su lugar de vida en otra parte y se identifican más con esa otra parte que con la que nacieron. Hay un dicho que dice que nadie es profeta en su tierra. La identidad uno la define básicamente de acuerdo a como sientes. El ámbito de nacimiento tampoco es determinante, eso es lo que yo te diría que es la identidad; es donde tú te sientes más cómodo y mejor acogido. Yo por ejemplo, nací en Cuba, tengo ciudadanía norteamericana y me siento cien por ciento chileno, es toda una mezcla y mi carnet de identidad dice residente en Chile, ciudadano norteamericano, nacido en Cuba.
- Volvamos a Chile, ¿piensa que por ser el chileno “sumiso” puede convivir en armonía con una personalidad fuerte como la suya?
-No solamente eso. El hecho de haber nacido en Cuba, donde es otra cultura mucho más violenta y haber nacido en una guerra, probablemente instintivamente busco un lugar más tranquilo. Además tengo una capacidad de percepción formidable para lo bueno y para lo malo y en el año 64 dije que éste país iba a hacer el primer país de latinoamericana. Siempre se dónde voy a estar en 20 años más y hace 20 años también lo sabía. Este es el Chile de hoy, el primer país de América Latina y por lo tanto, siento una satisfacción inmensa de comprobar lo que yo pensé toda mi vida. Tal vez esa conjunción de cosas fue lo que me llevó a quedarme acá, a adaptarme y a que me gustara enormemente.
-¿En 10 años más se ve aquí?
-Sí, yo me veo aquí muerto, eso es lo que me gustaría realmente. En Chile puedo estar con todo el espectro humano y me siento exactamente igual, puedo estar en lo mejores lugares o en los más modestos de éste país y me siento a gusto, cosa que en otros países no me pasa. Generalmente a los chilenos no les gusta Chile, la gente nacida aquí no lo aprecian y los extranjeros sí. Yo me siento mucho más chileno que un chileno, porque mi chilenidad es por elección y no por nacimiento. Mucha otra gente que viene de otros países piensa igual que yo y optan por quedarse. Algunos vienen de los países más desarrollados o de los menos desarrollados y de esos conozco miles, de miles.
-¿Qué cosas típicas le gustan de Chile?
-El clima de Santiago para mí es el mejor clima en que he vivido. A la gente en Chile no le gusta Santiago a mí me fascina. El aire es seco, la temperatura refresca en las noches, no llueve nunca, no hay viento, lo primero que me gustó son esas características climáticas. También la geografía de Santiago. Las comidas no tanto, Chile no es un país gastronómicamente rico. Algunas comidas chilenas me gustan, pero son pocas las que yo aprecio realmente, por ello, como mucha comida de afuera. La gente, todo tipo de gente me gusta, acá en general son sumamente tranquilos. Puedo pasearme por todo Santiago como lo hago a cada rato caminando o en bicicleta y no me pasa nada.
-¿EL chileno no valora su país?
-No, el chileno tiene una cultura insular y hasta hace treinta años atrás era una isla. Tenía el desierto por un lado, la cordillera, la Antártica y el Pacífico por otros. Aquí prácticamente nadie había cruzado la cordillera en esa época y de hecho la gente no sabía que existía un país llamado Chile, es un hecho. Por lo tanto, había una cultura muy insular entonces todo lo de afuera era muy bien visto por los chilenos, lo que fuera y no se apreciaba lo de acá.
-¿Una cultura producto de la geografía?
-Claro, absolutamente. Además porque que era un país demasiado pobre lo que viniera de afuera era apreciado y siempre hubo una cultura de lo externo. Entonces se produce la típica pregunta del chileno –se refiere al porque extranjeros querrían vivir en Chile- ¿porque acá? y no lo entienden. Hay algunas cosas de acá que gustan mucho.







