miércoles, 15 de julio de 2009

Perfil de vida de Luís Acevedo

Luís Acevedo, funcionario Universidad de Chile:

“LLEVO TREINTA Y SIETE AÑOS EN LA ESCUELA
DE PERIODISMO, PERTENEZCO A ELLA”

Por María Cristina Romero

Luís Alejandro Acevedo (Pichilemu, Chile, 1953), es uno de los cinco hijos de un matrimonio de agricultores. Creció en Barranca, un pueblo en el interior de Pichilemu, en el que estuvo hasta los doce años. Luego se marchó a Santiago, donde vivió en la comuna de La Reina y trabajó junto a dos de sus hermanos mayores en un negocio de abarrotes.

En Pichilemu cursó hasta cuarto básico en una escuela pública, por lo que en Santiago retomó sus estudios. La enseñanza media la realizó siempre en la jornada nocturna, en un colegio de Ñuñoa, en el Liceo 7 y en el Instituto Nacional. A éste último accede gracias a un convenio que la Universidad de Chile tenía con dicho establecimiento, con el fin de que sus trabajadores completaran su educación. Es así como obtiene el cuarto medio y concluye definitivamente sus estudios.


En 1971 entró a trabajar como auxiliar a la escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y a lo largo de los treinta siete años de servicio que lleva en la facultad –en la que siempre ha estado-, trabajó en el departamento de imprenta, fue mayordomo y estuvo en el área de audiovisual. Actualmente trabaja en la biblioteca del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) -que comprende a las carreras de Periodismo y Cine y Televisión- de la universidad y está encargado del archivo vertical, de los diarios y revistas y de la atención a público. Además está casado desde 1978 y tiene dos hijos.

Me encuentro en la biblioteca, el lugar de trabajo de Luís o Jano como lo llaman sus compañeros. El ambiente es muy tranquilo, al igual que su personalidad, es amable y relajado, parece no tener el más mínimo apuro por terminar la entrevista, pues se expresa con calma y responde de forma espontánea. En sus años de servicio ha estado en muchos de los cambios de recinto que ha sufrido la carrera de Periodismo. Pero siempre ha permanecido allí, al pie del cañón, a pesar de los periodos difíciles por los que ha pasado la universidad. También ha visto pasar a un gran número de directores por la escuela, pero en especial recuerda con mucho afecto a Gonzalo Beltrán. Para él no sólo fue un excelente profesional, sino que también fue un gran amigo; “Gonzalo todos lo días salía del canal e iba a pelear a rectoría. Hasta que me trajo a mí y logró abrir la escuela”.

Luís es lo que se puede llamar un trabajador multifacético, pues ha realizado una gran cantidad de tareas desde que entró de auxiliar a la universidad y hasta le tocó hacer sólo dos números de la revista Comunicación y Medios. Pero de todas las actividades la que más parece haberlo marcado es el área de audiovisuales. Habla del tema con mucho entusiasmo y me recalca lo interesante y divertido que resultaba para él.

Allí se relacionaba con radio, televisión, fotografía y “todo lo que es la implementación, o sea, instalar equipos. En los laboratorios tener los líquidos preparados, hacer las cargas fotográficas, todo el proceso de fotografía, impresión y radio”, tareas que me describe con cierta nostalgia y las que ha podido llevar a cabo a base de práctica y observación. Ése ha sido su aprendizaje.

La nostalgia se apodera de él cuando se refiere a la escuela. Siente que todas las cosas han cambiado, que ahora las divisiones son más marcadas, en el sentido de que cada cual permanece en su puesto de trabajo, sin interactuar mucho con los otros, no como antes que “éramos todos uno”. La misma añoranza muestra por los años que lleva en la escuela y por todo lo vivido.

De su vida en el campo no tiene muchos recuerdos, pues era muy pequeño en ese entonces. Es más, el cambio de un lugar rural a una gran ciudad tampoco fue muy grande para él, aunque reconoce que eran mundos distintos, no fue una experiencia tremenda. A pesar de ello, todas las vacaciones iba a Pichilemu y hasta el día de hoy, junto a sus hermanos conserva la casa de sus padres y veranean juntos allá. Del campo, Luís rescata la relajada vida de sus habitantes, allí no hay apuros, ni horarios, pero dice que lo bueno de Santiago es que los trabajos requieren menos esfuerzo físico, por ende, son más livianos.

Como en la vida no todo es trabajo, ni mucho menos recuerdos Luís reconoce que lo más importante en su vida y de lo que más orgulloso se siente es de su familia, pues ellos lo hacen feliz; “imagínate que ya voy a cumplir 30 años de casado y con los problemas normales de un matrimonio, con un hijo titulado profesional y otro por titularse”, un hombre agradecido con la vida.

- ¿Cómo fue su vida en el campo?
- No tengo muchos recuerdos porque era chico. Lo normal de un niño de campo, teníamos juegos familiares, no grandes cosas y uno jugaba entre hermanos. Estaba en el colegio todo el día, después llegaba a la casa. La jornada para mis viejos partía a las 6 de la mañana, ellos como tenían jardines y sembrados se levantaban temprano para regar, después tenían que salir a trabajar, almorzar, volver a salir. Mi papá era el que llevaba todo el peso, nosotros ayudábamos en lo que podíamos. La mamá aparte de hacer todo lo que era la casa, también tenía un jardín y hortalizas, ovejas, chanchos, gallinas, todas esas cosas. Nosotros teníamos que ir a buscar a las ovejas, los caballos, todo eso.

- ¿Cómo eran sus padres?
- Mis papás, al ser gente de campo, eran buenos padres, querendones y dentro de los medios que ellos tenían siempre preocupados de darnos lo mejor. Siempre me acuerdo que cuando uno no hacía una cosa, mi papá nos decía “te voy a meter adentro del saco para entregarte al viejo del saco”, era como un castigo entretención para que hiciéramos las cosas. Habían familias más duras, me acuerdo de unos vecinos que eran muy duros con sus hijos adoptivos. Llegaban a colgarlos para pegarles, yo tenía como ocho años cuando me tocó ver eso.

- ¿Qué le apreció su época escolar en la nocturna, le hubiera gustado seguir estudiando?

- Es que se fueron dando las situaciones. Estaba conforme con mi sistema de vida, no extraño eso –se refiere al tener amigos-. A parte en el sur disfruté harto, como era campo tenía jornada completa e iba almorzar a la casa. Tuve bastantes buenos compañeros, que eran de escuela y de la universidad y lo pasábamos bien, después ya éramos mayores así que en la noche salíamos a divertirnos. En ésa época era chico y cuarto medio en ese año era como tener una carrera, no se valoraba tanto, no es como ahora que si no tienes un título no eres nada. Claro ahora me arrepiento, hubiera estudiado algo técnico, no sé que, pero algo técnico.

- ¿Cómo es su jornada de trabajo?

- Es más relajado cuando uno trabaja en la biblioteca, hay que juntar diarios, juntar revistas, hacer el informe vertical; un registro de diarios y noticias interesantes que van al archivo vertical. Mi horario varía por los magísteres. Los días lunes, miércoles y viernes entro a las 9, martes y jueves a las 12 y salgo a las 9 de la noche, o sea, igual es grato y el trato con los alumnos es bueno. Era más entretenido en el campo audiovisual, porque había más cosas y aprendía más, pues ello se va renovando a diario. Acá ya estoy adaptado, lo que extraño si es la libertad de estar de un lado para otro, en cambio aquí hay que estar todo el día. En audiovisual tu ibas a radio, fotografía y televisión, eso lo hecho de menos.

- ¿Cuáles son los periodos más difíciles que ha visto en la universidad?
- En el 82 o 83 cuando empezó la revolución de los estudiantes, estábamos en la torre chica. El edificio tenía siete pisos y pasaba el guanaco por fuera y nos quebraba todos los vidrios y tiraban bombas para adentro, fue muy fuerte. Igual era más complicado para los estudiantes. A nosotros nos complicaba porque había que salir arrancando. Para el 73 fue más difícil para nosotros. Tuvimos que ir varias veces a ver unas listas, para saber si estábamos y podíamos regresar a trabajar. Afortunadamente ninguno de mis compañeros tuvo problemas. Algunos se demoraron en entrar más que otros, pero ya estábamos seguros, pasamos por una selección, podíamos trabajar con confianza, después ya se fue relajando.

- ¿Qué es la Universidad de chile para usted?

- La Universidad de Chile fue en su tiempo y es todavía una parte muy importante para mí, sobre todo la escuela, la quiero mucho. Pero ha cambiado su funcionamiento, no es el mismo sistema que teníamos antes, que era más relajado y con más compañerismo, antes éramos todos uno sólo. Sí tengo un bonito recuerdo e igual es parte de mi vida, llevo 37 años en la escuela de Periodismo, pertenezco a ella. Además fue una escuela para mí. De auxiliar pasé a imprenta, a audiovisual, fui mayordomo, fue una escuela todo con la práctica.


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