"MI SUEÑO SERÍA VIVIR EN UNA PLAYA,
DONDE PUDIERA LEER Y MIRAR EL MAR”
DONDE PUDIERA LEER Y MIRAR EL MAR”
Por Yasna Araya
Alicia Obregón Guerrero (Melipilla, Chile) lleva 33 años dedicada a la asistencia social. Estudió pedagogía en historia en la Universidad de Chile, pero luego de un año, optó por cambiar de rumbo e ingresó a la carrera de servicio social en la misma casa de estudios. Es la mayor
de cinco hermanos y cursó la enseñanza media en el liceo fiscal de Melipilla.
Tiene dos hijos: un cientista político de 31 años y un estudiante de sociología de 19 años. Ellos se criaron bajo el alero de la tecnología, en cambio, Alicia recuerda su infancia con las andanzas en bicicleta, los juegos de balón y las competencias con camioncitos de plástico.
En 1976 comenzó a trabajar como asistente social en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Desde el año 2007 desempeña el mismo cargo, esta vez, en el Instituto de la Comunicación e Imagen de dicha institución. Actualmente vive en La Florida, junto a su marido y su hijo menor.
Tiene dos hijos: un cientista político de 31 años y un estudiante de sociología de 19 años. Ellos se criaron bajo el alero de la tecnología, en cambio, Alicia recuerda su infancia con las andanzas en bicicleta, los juegos de balón y las competencias con camioncitos de plástico.
En 1976 comenzó a trabajar como asistente social en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Desde el año 2007 desempeña el mismo cargo, esta vez, en el Instituto de la Comunicación e Imagen de dicha institución. Actualmente vive en La Florida, junto a su marido y su hijo menor.
Alicia es una mujer sencilla. Se expresa de forma cálida y agradable, busca las palabras más adecuadas y jamás borra la sonrisa de su rostro. Viste de manera formal: un blazer color gris, un sweater verde oscuro, una falda negra que cubre más allá de sus rodillas y zapatos de taco. En su muñeca izquierda lleva un reloj platinado, y en la derecha una pulsera de oro.
Es temprano y me animo a golpear la puerta de su oficina. Me recibe de inmediato y con una buena disposición pone en marcha la conversación. El teléfono suena una y otra vez y Alicia siempre contesta, atiende a todas las personas que se acerquen a hablarle.
Ha trabajado siempre en lo mismo, es su vocación y la ejerce en todos los ámbitos de su vida. Es solidaria y noble como pocos, dedica nueve horas diarias a resolver – o por lo menos lo intenta – los problemas de los estudiantes que acuden a ella.
No precisa su edad, dice que tiene “¡Muchos años!, no soy abuela todavía pero si soy bastante mayor”. Sin embargo, tiene la energía para realizar muchas actividades durante la semana. Hace siete años que practica yoga junto a su marido, donde asiste a clases cada lunes y jueves. Los sábados por la mañana toma clases de ingles “con un grupo de viejos igual que yo”.
Sus angustias y problemas los alivia en el jardín, poda sus rozas, corta el pasto y riega las plantas. Otra de sus distracciones favoritas es la lectura, “Me gusta leer, García Márquez es uno de mis favoritos, aunque también leo hartos libros de historia”.
- ¿Cuando regresa a su casa, luego de la jornada laboral, ¿qué es lo primero que hace?
- Mira, los lunes y jueves llego a ponerme buzo y a esperar a mi marido para ir a yoga porque vamos juntos. Los demás días llego, que sé yo, a acostarme, a leer el diario, a ver televisión un rato, después llega mi hijo de la universidad y tengo que prepararle comida porque él si que come…
- ¿Y le gusta cocinar?
- Sí, me gusta mucho cocinar. Hace muchos años, unos diez ó doce o a lo mejor más, que no tengo empleada, porque me encanta cocinar. Preparo postres, guiso, aprendí a hacer queques y hago recetas que de repente intercambio con otras amigas. Y a mi me gustan todas las comidas, la comida chilena, el charquicán, la cazuela, el cochayuyo, cosas que no le gustan a mucha gente. No soy vegetariana, pero si como muy poca carne.
- ¿Qué cosas la hacen sentir bien?
- Yo soy feliz con mi familia, con mi marido, con mis hijos, con mi madre, con mi trabajo…
- Es muy agradable oír que a alguien le gusta su trabajo…
- Si, es que yo lo paso muy bien aquí, me río mucho con los chiquillos. Aquí hay todo tipo de alumnos, entonces, tú ves a algunos chiquillos que estudian con mucha dificultad, que tienen muchas carencias pero que aperran. A mi me hace muy bien el contacto con chiquillos jóvenes, me río con ellos, me cuentan sus problemas, sus sueños. Yo tenía una preocupación cuando entre el año pasado, de pensar si los chiquillos me iban a acoger bien porque yo ya tengo mis años, te fijas, podrían ser perfectamente mis hijos. Estaba esa preocupación, pero no, los chiquillos son súper acogedores, son súper auténticos y transparentes. Me gusta mucho trabajar con los estudiantes.
- ¿Qué pasa cuando la situación que los estudiantes viven esta más allá de lo que usted puede hacer?
- Eso es una cosa que uno aprende con los años, con la experiencia. Algunos problemas de los chiquillos me siguen dando vueltas después en la casa en la noche, o en la mañana cuando me estoy bañando. Pero la mayoría de los problemas tienen solución por alguna parte, buena, regular, pero tiene solución, y algunos chiquillos están mejor dotados sicológicamente para luchar y batallar, y otros se apoyan en uno. Por eso tenemos el servicio medico, es verdad que en las políticas sociales siempre son escasos los recursos pero aquí uno trata de encontrar la solución.
- ¿Ha tenido siempre la misma disposición de ánimo, tan alegre?
- Sí, yo soy así, a pesar de que, como todo el mundo, también tengo problemas. Mi problema más importante en este momento es mi mamá y su alzheimer. Ella tiene 83 años y hace como cinco años que está con alzheimer. Siempre tuvo una relación muy especial conmigo, entonces, yo tuve que decidir, junto a mis otras hermanas, que mi mamá ya no podía seguir en su casa porque ella ya no es autovalente, hay que hacerle todo. Eso me produjo una pena muy inmensa, tuve un duelo muy grande cuando decidí eso, pero con el tiempo he visto que fue la mejor decisión porque ella está bien, uno la ve y está en otro mundo, como una niñita, se ríe, está feliz. Yo siempre estoy preocupada de ella, la tengo una residencia donde hay puras señoras y queda cerca de mi casa, estoy a 10 minutos en auto. La pena que yo tuve ya se me pasó porque la veo que está bien.
- ¿Para que las cosas resulten en la vida, se necesita suerte, esfuerzo…?
- Yo soy más optimista, creo que si uno se busca las oportunidades las encuentra, y si uno trabaja y mira la vida de manera positiva, finalmente, le tiene que ir bien. Yo no soy de una familia adinerada ni mucho menos, soy de una familia de clase media, mis papás trabajaban los dos, y todos tuvimos la oportunidad de estudiar, de ir a la universidad, eso quisieron mis papas. Nosotras, las tres hermanas, somos profesionales. Mis otros hermanos no fueron profesionales porque eran súper desordenados: mi hermano chico se casó cuando salió de cuarto medio porque la polola estaba esperando guagua, te fijas, pero no porque no se les dio la oportunidad a todos. Yo pienso que, como en todas las cosas, tiene que haber un pichintun de suerte, pero yo creo que es trabajo, es esfuerzo, es empeño.
- ¿Cómo se ve en los próximos años?
- Yo no me veo como jubilada. Pero en algún momento tendré que jubilar, pienso que, a lo mejor, cuando mi hijo termine la universidad o, no sé, después de que se hagan todos los cambios que se van a hacer en el campus, no sé, pero no me veo dejando de trabaja. Yo creo que si no sigo trabajando en mi profesión voy a seguir haciendo cualquier cosa que me ocupe el tiempo y me permita seguir activa.
- ¿Y qué le gustaría hacer?, ¿dónde le gustaría estar?
- Mira, a mi me gusta mucho Coquimbo, pero también me gusta el sur. En verdad, el sueño mío, si alguna vez me jubilo y me retiro, sería vivir en una playa donde pudiera leer y mirar el mar. No sé si se podrá cumplir, pero ese es mi sueño.
- Mira, los lunes y jueves llego a ponerme buzo y a esperar a mi marido para ir a yoga porque vamos juntos. Los demás días llego, que sé yo, a acostarme, a leer el diario, a ver televisión un rato, después llega mi hijo de la universidad y tengo que prepararle comida porque él si que come…
- ¿Y le gusta cocinar?
- Sí, me gusta mucho cocinar. Hace muchos años, unos diez ó doce o a lo mejor más, que no tengo empleada, porque me encanta cocinar. Preparo postres, guiso, aprendí a hacer queques y hago recetas que de repente intercambio con otras amigas. Y a mi me gustan todas las comidas, la comida chilena, el charquicán, la cazuela, el cochayuyo, cosas que no le gustan a mucha gente. No soy vegetariana, pero si como muy poca carne.
- ¿Qué cosas la hacen sentir bien?
- Yo soy feliz con mi familia, con mi marido, con mis hijos, con mi madre, con mi trabajo…
- Es muy agradable oír que a alguien le gusta su trabajo…
- Si, es que yo lo paso muy bien aquí, me río mucho con los chiquillos. Aquí hay todo tipo de alumnos, entonces, tú ves a algunos chiquillos que estudian con mucha dificultad, que tienen muchas carencias pero que aperran. A mi me hace muy bien el contacto con chiquillos jóvenes, me río con ellos, me cuentan sus problemas, sus sueños. Yo tenía una preocupación cuando entre el año pasado, de pensar si los chiquillos me iban a acoger bien porque yo ya tengo mis años, te fijas, podrían ser perfectamente mis hijos. Estaba esa preocupación, pero no, los chiquillos son súper acogedores, son súper auténticos y transparentes. Me gusta mucho trabajar con los estudiantes.
- ¿Qué pasa cuando la situación que los estudiantes viven esta más allá de lo que usted puede hacer?
- Eso es una cosa que uno aprende con los años, con la experiencia. Algunos problemas de los chiquillos me siguen dando vueltas después en la casa en la noche, o en la mañana cuando me estoy bañando. Pero la mayoría de los problemas tienen solución por alguna parte, buena, regular, pero tiene solución, y algunos chiquillos están mejor dotados sicológicamente para luchar y batallar, y otros se apoyan en uno. Por eso tenemos el servicio medico, es verdad que en las políticas sociales siempre son escasos los recursos pero aquí uno trata de encontrar la solución.
- ¿Ha tenido siempre la misma disposición de ánimo, tan alegre?
- Sí, yo soy así, a pesar de que, como todo el mundo, también tengo problemas. Mi problema más importante en este momento es mi mamá y su alzheimer. Ella tiene 83 años y hace como cinco años que está con alzheimer. Siempre tuvo una relación muy especial conmigo, entonces, yo tuve que decidir, junto a mis otras hermanas, que mi mamá ya no podía seguir en su casa porque ella ya no es autovalente, hay que hacerle todo. Eso me produjo una pena muy inmensa, tuve un duelo muy grande cuando decidí eso, pero con el tiempo he visto que fue la mejor decisión porque ella está bien, uno la ve y está en otro mundo, como una niñita, se ríe, está feliz. Yo siempre estoy preocupada de ella, la tengo una residencia donde hay puras señoras y queda cerca de mi casa, estoy a 10 minutos en auto. La pena que yo tuve ya se me pasó porque la veo que está bien.
- ¿Para que las cosas resulten en la vida, se necesita suerte, esfuerzo…?
- Yo soy más optimista, creo que si uno se busca las oportunidades las encuentra, y si uno trabaja y mira la vida de manera positiva, finalmente, le tiene que ir bien. Yo no soy de una familia adinerada ni mucho menos, soy de una familia de clase media, mis papás trabajaban los dos, y todos tuvimos la oportunidad de estudiar, de ir a la universidad, eso quisieron mis papas. Nosotras, las tres hermanas, somos profesionales. Mis otros hermanos no fueron profesionales porque eran súper desordenados: mi hermano chico se casó cuando salió de cuarto medio porque la polola estaba esperando guagua, te fijas, pero no porque no se les dio la oportunidad a todos. Yo pienso que, como en todas las cosas, tiene que haber un pichintun de suerte, pero yo creo que es trabajo, es esfuerzo, es empeño.
- ¿Cómo se ve en los próximos años?
- Yo no me veo como jubilada. Pero en algún momento tendré que jubilar, pienso que, a lo mejor, cuando mi hijo termine la universidad o, no sé, después de que se hagan todos los cambios que se van a hacer en el campus, no sé, pero no me veo dejando de trabaja. Yo creo que si no sigo trabajando en mi profesión voy a seguir haciendo cualquier cosa que me ocupe el tiempo y me permita seguir activa.
- ¿Y qué le gustaría hacer?, ¿dónde le gustaría estar?
- Mira, a mi me gusta mucho Coquimbo, pero también me gusta el sur. En verdad, el sueño mío, si alguna vez me jubilo y me retiro, sería vivir en una playa donde pudiera leer y mirar el mar. No sé si se podrá cumplir, pero ese es mi sueño.
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