martes, 28 de julio de 2009

Perfil de vida de Alfredo Lewín

Alfredo Lewín Arroyo:

"EL ROCK ES MI PERFIL, MI FORMA DE VIDA"

Por Yasna Araya

Alfredo Lewín Arroyo (Santiago, Chile, 1969) es licenciado en literatura por la Universidad Católica, pero jamás ha ejercido la profesión. Estudió en la Escuela nº50, República Israel, hasta sexto básico y luego en el Instituto Nacional.

Hijo de Gloria Arroyo Monet y de Alfredo Lewín, se marchó de casa a los 12 años. En 1992 fue contratado por la cadena internacional de MTV y residió en Miami hasta 1999. Ha trabajado en televisión (Canal Rock and Pop, Red, UCV, TVN, Mega, MTV, VH1 y ViaX) y en radio (Concierto, Futuro, 40 Principales, Universidad de Chile y Rock & Pop).

Casado dos veces, Diego y Josefina son fruto de su primer matrimonio. Tras volver de Estados Unidos, se embarcó en un innovador proyecto musical en multimedia. Así nace Rockaxis (2000) como un sitio en Internet dedicado al rock, que juega con el formato televisivo y radial. Al año siguiente se lanzó al mercado la revista, que lleva el mismo nombre, convirtiendo a Rockaxis en un espacio comunicacional multisoporte, también llamado “El universo del rock”, que sigue vigente.


Es un hombre que ha dedicado los años más importantes de su vida a la difusión del rock en diversas áreas comunicacionales, y eso lo refleja en toda su forma de ser. Viste pantalones negros con finas rayas blancas y una polera de manga corta, color café oscuro. Lleva zapatos negros y bajos, similares a unas sandalias, que no cubren la parte trasera y dejan ver sus talones. En su muñeca izquierda usa una pulsera de cuero con pequeñas puntas metálicas, y en la derecha un plateado reloj forma


Lo observo descender las escaleras de Iberoamerican Radio Chile, holding que alberga a Rock and Pop, con su celular Motorola Rocker en una mano y en la otra una taza de café. Nos sentamos en una banca de madera, en el patio del edificio, y en unos minutos me convenzo de que las palabras en Alfredo son más que abundantes.
Proyecta una quietud y una amabilidad pocas veces vista. Cuenta que está acostumbrado a las entrevistas y que incluso le agradan, pero que la mayoría – casi asegura que todas – se han referido al ámbito del rock, de modo que las respuestas que entrega están casi memorizadas. Con una personalidad y espíritu propios, lleva años afirmando que existe una identidad rockera.

Ha vivido muchos años solo. Su padre murió cuando él tenía tres años y estuvo alejado de su madre y de su hermana (Claudia) mientras vivió en Estados Unidos. Esta soledad generó que cada instante de felicidad, incluso el conocerse a sí mismo, estuviese ligado con pertenecer a un grupo: “para mí el rock se convirtió en lo esencial desde el momento en que escuché AC/DC, Devo y Metallica; el rock me hizo encontrar a un grupo de gente a la que yo me entregué y entre la que me cobije”.

Muchos – incluyéndome – saben que Alfredo Lewín es una de las personas que más sabe de rock en Chile, que ha entrevistado a grandes músicos alrededor del mundo, como al fallecido Kurt Cobain, líder de Nirvana. Pero, ¿qué hay detrás de este hombre de cabello castaño y despeinado?, ¿qué dicen aquellos ojos café que intentan ocultarse tras sus gafas con marco negro?, ¿cómo se perfila la vida de Alfredo al otro lado del micrófono o de las cámaras?
“El rock me hace pertenecer a algo y me hace sentir que es mi perfil, definitivamente lo es, con todo lo ambiguo que pueda ser. Cada vez que me preguntan qué es el rock, yo digo que es una forma de vida, una forma más o menos irresponsable, más o menos madura, pero es una forma de vida y es la mía”.


– ¿Qué te gustaba hacer cuando niño?

– Me gustaba jugar a las escondidas, jugar a la pallalla con piedras -juego que recuerdo mucho de la escuela en que me eduqué los seis primeros años- y a la pichanga, el fútbol. Lo de leer viene más del niño adolescente, como a los 12. La verdad es que siempre fui más introvertido, pero como me metía en este tipo de mecánicas de juego pasaba piola. Yo me imagino que era un poquito más para dentro.


– ¿Cómo eran tus amigos?

– Me recuerdo de un par, que eran mis mejores amigos del edificio de Compañía con San Martín, y es bien divertido porque sus nombres, Edwin y Donald, suenan como unos tipos que no se repiten hoy ni fueron de antes. Parece que el papá era medio gringo y tenían en común conmigo que él también estaba ausente y era una mamá que criaba a los dos niños. Ellos fueron mis grandes amigos de chico, ni siquiera creo que haya sido por afinidad, sino porque éramos los únicos en ese edificio que teníamos la misma edad. Los grandes amigos creo que empezaron a llegar de séptimo en adelante, en el colegio, pero de niñez son esos dos personajes de apellido Berríos.


– ¿Conservas recuerdos gratos de tu infancia?

– No sé, considero que no fui tan feliz cuando era niño, digamos que por esa razón es bastante lógico explicarte por qué me fui de la casa a los 12 años. Seguramente no tuve una niñez muy buena, así que no la guardo como con grandes celebraciones ni recuerdo muchos cumpleaños, sólo que me gustaba jugar no más. Para mi, jugar era como evadir, era como escaparme a hacer una cosa que realmente me gustaba porque no me gustaba estar en la casa, ni siquiera viendo tele, prefería estar solo y generalmente en la casa no estás solo cuando eres niño.


– ¿Rescatas algo de tu época escolar que te haya marcado?

– Yo creo que el instituto me dio un poquito más de herramientas para moverme, no solamente en la vida sino que moverme en el contexto social, de conocer gente, y de pronto convertirme en un tipo más despierto. Me gustaba ir al colegio y me iba bastante bien. Se me recuerda como un tipo que era medio mateo, que convenía sentarse al lado mío, y yo no era ñoño ni perno como para no ayudar. Yo no me creía mateo, me imagino que estudiaba harto pero también ponía atención en clase. Creo que hacía lo justo y recibí en notas más de lo justo, porque arriba de un 6 (nota) en el instituto era un verdadero logro. A veces, cuando uno dice que es buen alumno se revela también otra faceta de tu personalidad, si eres medio nerd, si eres para dentro.


– ¿Y fue algo en tu personalidad que te motivó a estudiar literatura?

– De todas maneras, pero también la identificación con dos profesores del instituto, de castellano y de literatura española, los encontraba unos tipos muy cool. En particular, yo creo que me gustaba esa cuestión media volátil que tiene el profesor, que cuando hace una clase está dibujando un ensayo sobre la pizarra, y quería pensar que eso era lo integral del conocimiento: la literatura. Por tanto yo siempre me vi, en la mejor de mis posibilidades de trabajo, como un profesor. Pero, a mis 17 años, malentendí que la pedagogía en castellano era algo menor que la licenciatura en literatura, y por cierto que a mi me gusta la literatura, pero la licenciatura me permite ser ensayista, investigador, escritor o profesor de universidad, no me permite hacer clases en el colegio como mis profesores. Y más encima me metí a la Católica, que era una universidad muy poco jugada con respecto a la literatura, que tiene algo como revolucionario y que la Católica veía como muy cuadradito, todo formadito. Pero lo empecé a pasar muy bien en la universidad, me encantaba el campus oriente y la verdad tú te vas quedando en los lugares no por tu rendimiento académico, sino cuando te das cuenta de que perteneces socialmente ahí y te sientes bien.


– ¿Hoy tienes algún lugar favorito para relajarte y descansar?

– Definitivamente mi casa o cualquier casa ajena donde haya un patio. Yo soy muy de casa pero de patio, de tierra, de pasto. Incluso necesito de un libro o música para poder asumir que estoy en otros lugares, o la misma atmósfera de la música o del libro me puede llevar a otros lados y a situaciones gratas. No tengo ninguna fijación, no tengo los lugares precisos, creo que los puedo proyectar. Mi casa me gusta, me da harta buena vibra y, si fuera por mi, no me movería de ahí en todo el día. Eso sí, creo que no he perdido ese carácter que tenía desde niño y prefiero estar solo. Entonces cuando se van mis niños el fin de semana o la Nancy se va a trabajar, me quedo como "¡ah, que rico estar solo!”. Me carga cuando está la nana porque está ahí todo el día y en definitiva soy de estar solo, me gusta estar solo.


– ¿Hay algo que te haga feliz o de lo que te sientas orgulloso?

– Tengo el hábito de no esperar mucho de nada y tomo las cosas con ene naturalidad, entonces, cuando suceden las cosas te llegan como grandes sorpresas y en la sorpresa, que es una reacción natural, hay risa y felicidad. Cuando pasan cosas choras (buenas), aunque sean pequeñas, y siguen pasando hasta el día de hoy, me hacen sentir muy orgulloso. Esos son momento de celebrar y ojalá todos los días, o bastante a menudo, uno tuviera razones por las que celebrar.


– ¿Y cómo reaccionas cuando algo no te resulta?

– Siempre mi reacción ante la frustración y hacia el enojo ha sido con una rabia como que masticas, que te la tragas. Yo creo que es también por la madurez y por la edad que lo empiezo a ver más reflexivo. Pero hay una gran verdad en que "las cosas pasan por algo", incluso trato, más que amargarme, de buscar la típica cuestión que dicen de que te cerraron una puerta pero se abrió una ventana. Y me han pasado un par de cosas malas que recuerde, como el revés que causó la caída de la Concierto y mi periodo laboral tan precario del año 99 – 2000 o el desastre económico en el recital frustrado de Anthrax en el 2005, donde perdí 25 millones. En ese momento yo aprendí que esto no puede ser tan malo y, efectivamente, esas catástrofes me llevaron a tomar otras decisiones que hicieron que hoy esté en el buen estado en que creo estar. Considero que de esos dos grandes malos momentos han surgido buenas cosas como la creación de Rockaxis, que ha persistido y pervivido durante ocho años, que no es mucho tiempo pero igual no es poca cosa.


– ¿De qué crees que depende que las cosas resulten?, ¿es suerte, mérito propio tal vez?

– A veces me parece que las cosas resultan porque estabas ahí, tal como la ley de la vida, que estás en el lugar preciso, en el momento preciso, y llegas y te subes al tren que viene camino. Creo que es una conjunción de ambas cosas, aunque tiendo a bajarle el perfil al mérito porque hay personas que tienen mucho mérito y se esfuerzan por lograr algo pero fracasan rotundamente. Entonces, la suerte de estar en el lugar preciso es lo que hace toda la diferencia. Efectivamente uno se encuentra con tipos empresarios de mucha influencia y que son unos pelotudos, absolutamente cuadrados, poco imaginativos, cero onda, y seguramente están ahí por un tráfico de influencias, cuestión de suerte y no de mérito.


– ¿Cómo se desarrolla uno de tus días?

– La verdad es que no tienen una lógica muy definida. Puedo ir a la oficina de Rockaxis, en Américo Vespucio con Diagonal Oriente, pero a veces pasan semanas en que no voy porque está linqueada directamente desde cualquier computador y el trabajo de Rockaxis no es necesariamente de papeles, muy formal. Entonces, puedo estar en el café de la esquina y si estoy con un computador al lado es como que estuviera en la oficina. Si no voy a la oficina puedo navegar durante horas o pasar toda la mañana escuchando muchos programas de radio, porque esta generación de podcast (archivo de audio digital) me cambió absolutamente el ánimo de escuchar radio. Mientras tanto, también puedo hacer cosas de la casa, como barrer o darle comida a la perrita, o hacer cosas puntuales, como seguir descansando o entrar en esa especie de flujo de la conciencia, donde se te puede ocurrir algo creativo que puede servirte para escribir o para mostrar algo en la radio.


– Pero tener un programa radial en hora fija requiere, en cierta forma, que programes tu día...

– De todas maneras, o sea, desde las dos de la tarde hasta las seis, esas cuatro horas son sagradas para mí todos los días, y menos mal que están porque le dan sentido al día. Pero la mañana tiene esa otra rutina de estar surfeando de la cabeza, surfeando escuchando podcast o qué sé yo. También, los días martes grabo cosas para Rockaxis tv que, en el fondo, eso es ir a un lugar, de siete a nueve de la noche, ver música en vivo y conversar con músicos. Los fines de semana puedo tener la rutina mas desgastante de todas que es estar con los niños y eso implica que estés buscando complacerlos a ellos, entretenerlos, que en todo caso no es una cosa que recienta, sino que la encuentro agotadora. Y generalmente los jueves y viernes tengo, por obligación o por placer, muchas cuestiones que tienen que ver con conciertos y eso es salir de noche. Uno dice "es que lo tengo que hacer porque estamos en un ciclo, porque toca esta banda para lo de rock and ron Mitjans, o lo de Jack Daniels o lo de Escudo” y, considerando que todas son cosas alcohólicas, termina en carrete. Entonces, tengo una vida que alguien diría "bueno, pero igual es súper relajado", y sí, es relajado, pero a su manera tiene su estrés. De hecho, si yo el programa lo hiciera solo, sería capaz de grabarlo, mandarlo y que se edite pero, obviamente, uno viene a un lado a trabajar porque también es importante el contexto físico.


– Entonces, ¿te sientes más cómodo trabajando solo?

– Sí, yo prefiero trabajar solo. Obviamente soy bien honesto, en el sentido de que no puedo esconderlo, y estoy haciendo hoy día un programa que a mi no me acomoda, porque es parte de mi naturaleza que me guste hacer las cosas solo. Yo tengo claro como lo quiero hacer y a quien puedo complacer haciendo las cosas a mi manera, pero cuando trabajas con un productor, como en este caso, él cree saber como hay que complacer a la gente y tú tienes que hacer lo que él dice. Pero igual en estos 4 - 5 meses he aprendido harto con respecto a la estructura más periodística de un programa y todo eso, al tiempo que me voy acostumbrando. Al final, estoy absolutamente conforme con lo que elegí trabajar, encuentro que soy súper afortunado de hacer lo que hago y me encanta, me encanta.


* Perfil realizado en mayo de 2008.


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